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Cocina Pret a Porter

Quiche de queso de cabra, piñones y sorpresa de morcilla

Quiche de queso cabra con sorpresa de morcilla

 

Cuando era pequeña una de las cosas que me encantaba de ir al campo era encontrar piñas, sacar los piñones, abrirlos dándoles un golpe con una piedra e ir acumulándolos hasta tener un puñado y tomarlos después uno a uno.

 

De la morcilla no puedo decir lo mismo. No podía ni verla. En ninguna de sus variedades y mi madre insistía en ponérnosla hasta que la negativa de tomarla (somos seis hermanos y un No de seis es mucho no) le hizo desistir.

 

Mi madre entonces desarrolló una habilidad especial para camuflar los alimentos y que tomáramos una alimentación variada.

 

Quizás el caso que mejor refleja lo que digo fue el de la lengua de vaca . Un día cuando tenía unos 6 años fui a la nevera de casa a por algo, no recuerdo que y al abrirla sufrí uno de los mayores shocks de mi infancia. Allí en una fuente, perfectamente extendida había una “cosa” desconocida para mi entonces que me hizo retroceder y salí pasillo adelante buscándo a mi madre.

 

“aaagggghhhh, Mamaaaaaaa ¿qué es eso que hay en la nevera?”. Mis hermanos fueron saliendo de sus cuartos y sumándose a la escena. Conocíamos el tono de nuestros gritos y sabían que mi exclamación precedía a una de las próximas comidas.

 

Ah eso – dijo mi madre acariciándome la cabeza – es una lengua ¡”¿unaaaa lenguaaaa?, dijeron 5 voces al unísono (Lourdes aún no hablaba) ” ¿cooomooo que una lengua?. E inmediatamente – ¡Yo eso no me lo como!¡ Ni yo! ¡ni yo! ¡ni yo!. ¡Claro que os lo vais a comer!- dijo mamá – ¡está buenísimo!.

 

Durante la comida estuvimos atentos ¿esto es lengua? Preguntamos ante una simple sopa de fideos. En la cena ¿esto es lengua? , ante una tortilla de patatas. Al dia siguiente Nacho se negaba a comer la ensaladilla rusa ¡Nacho cómete eso ahora mismo! – “No , no. no”- repetía muy serio- porque es lengua”

 

Enviábamos comandos a la cocina cuando preparaban la comida, en busca de la amenaza de lengua. Pero nada.

 

La tensión duró un par de días hasta que se nos olvidó. Años después supimos que ese estofado de carne blanca que tanto nos gustaba y preferíamos antes que el estofado tradicional, era en realidad lengua de vaca guisada.

 

Yo fiel seguidora de las tácticas de mi madre conseguí que mis hijas tomaran morcilla camuflándola en diferentes platos. Y aquí os dejo una receta sencilla y riquísima que les encanta.

 

Ingredientes:

 

Masa quebrada salada

1 morcilla de Burgos

1 rulo pequeño de queso de cabra

50 gr de piñones tostados

2 huevos

200 ml de nata para montar

 

Preparas la masa extendida sobre el molde elegido, pinchando el fondo para que no suba y la guardas en la nevera mientras preparas el relleno.

 

Quita la piel a la morcilla y rehógala en un poco de aceite. Retíralo del fuego y mezcla con los piñones. Una vez templada, ponla en el molde con la masa y encima coloca unas rodajitas de queso de cabra.

 

Bate los huevos con la nata y sazonalo. Vuelcalo en el molde encima del queso y ya está la quiche lista para entrar al horno durante 35-40 minutos a 180º.

 

Truco: según se la masa de gruesa a veces la hago primero un poco en el horno, ya en el molde, antes de añadir todo lo demás.

 

¡¡¡deliciosa!!!.

Quiche de queso de cabra, piñones y sorpresa de morcilla

Quiche de queso cabra con sorpresa de morcilla

 

Cuando era pequeña una de las cosas que me encantaba de ir al campo era encontrar piñas, sacar los piñones, abrirlos dándoles un golpe con una piedra e ir acumulándolos hasta tener un puñado y tomarlos después uno a uno.

 

De la morcilla no puedo decir lo mismo. No podía ni verla. En ninguna de sus variedades y mi madre insistía en ponérnosla hasta que la negativa de tomarla (somos seis hermanos y un No de seis es mucho no) le hizo desistir.

 

Mi madre entonces desarrolló una habilidad especial para camuflar los alimentos y que tomáramos una alimentación variada.

 

Quizás el caso que mejor refleja lo que digo fue el de la lengua de vaca . Un día cuando tenía unos 6 años fui a la nevera de casa a por algo, no recuerdo que y al abrirla sufrí uno de los mayores shocks de mi infancia. Allí en una fuente, perfectamente extendida había una “cosa” desconocida para mi entonces que me hizo retroceder y salí pasillo adelante buscándo a mi madre.

 

“aaagggghhhh, Mamaaaaaaa ¿qué es eso que hay en la nevera?”. Mis hermanos fueron saliendo de sus cuartos y sumándose a la escena. Conocíamos el tono de nuestros gritos y sabían que mi exclamación precedía a una de las próximas comidas.

 

Ah eso – dijo mi madre acariciándome la cabeza – es una lengua ¡”¿unaaaa lenguaaaa?, dijeron 5 voces al unísono (Lourdes aún no hablaba) ” ¿cooomooo que una lengua?. E inmediatamente – ¡Yo eso no me lo como!¡ Ni yo! ¡ni yo! ¡ni yo!. ¡Claro que os lo vais a comer!- dijo mamá – ¡está buenísimo!.

 

Durante la comida estuvimos atentos ¿esto es lengua? Preguntamos ante una simple sopa de fideos. En la cena ¿esto es lengua? , ante una tortilla de patatas. Al dia siguiente Nacho se negaba a comer la ensaladilla rusa ¡Nacho cómete eso ahora mismo! – “No , no. no”- repetía muy serio- porque es lengua”

 

Enviábamos comandos a la cocina cuando preparaban la comida, en busca de la amenaza de lengua. Pero nada.

 

La tensión duró un par de días hasta que se nos olvidó. Años después supimos que ese estofado de carne blanca que tanto nos gustaba y preferíamos antes que el estofado tradicional, era en realidad lengua de vaca guisada.

 

Yo fiel seguidora de las tácticas de mi madre conseguí que mis hijas tomaran morcilla camuflándola en diferentes platos. Y aquí os dejo una receta sencilla y riquísima que les encanta.

 

Ingredientes:

 

Masa quebrada salada

1 morcilla de Burgos

1 rulo pequeño de queso de cabra

50 gr de piñones tostados

2 huevos

200 ml de nata para montar

 

Preparas la masa extendida sobre el molde elegido, pinchando el fondo para que no suba y la guardas en la nevera mientras preparas el relleno.

 

Quita la piel a la morcilla y rehógala en un poco de aceite. Retíralo del fuego y mezcla con los piñones. Una vez templada, ponla en el molde con la masa y encima coloca unas rodajitas de queso de cabra.

 

Bate los huevos con la nata y sazonalo. Vuelcalo en el molde encima del queso y ya está la quiche lista para entrar al horno durante 35-40 minutos a 180º.

 

Truco: según se la masa de gruesa a veces la hago primero un poco en el horno, ya en el molde, antes de añadir todo lo demás.

 

¡¡¡deliciosa!!!.




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